martes, 24 de noviembre de 2009

Reflexiones sobre un voluntariado en el hospital


El trabajo voluntario con niños hospitalizados, resulta muy diferente a otros que he observado o participado. Día a día en el hospital, veo niños desanimados, inhibidos, tristes, hasta ahí, es igual a otros lugares; pero también son niños incapacitados para hacer cosas de niños. Un niño en el hospital es un niño incompleto.

Los niños y niñas son hospitalizados por enfermedades agudas, por las cuales pasan un tiempo breve en el hospital. Mes tras mes, hay caras nuevas, pero las mismas incapacidades: Manos entablilladas, vías intravenosas en los dorsos de las manos, rostros inflamados, mascarillas, sueros colgados y equipos de venoclisis como lianas en una selva del color más deprimente que solo un hospital puede tener.

Los días de atención transcurren rápido, no quieren que te vayas, no te quieres ir. Pero como todo tiene su final, limpias y guardas tus cosas. A veces sales de la sala escoltado hasta donde se guarda el mueble con juguetes, y siempre escucho la misma pregunta: “¿Cuándo van a regresar?”. Nunca me he ido completamente satisfecho.

Uno sabe que, después de salir de la sala, se acaba el entretenimiento y la alegría, que los niños van a volver a estar tristes porque continúan enfermos y porque no se pueden ir. Quizá sigan ahí mañana, quizá no. A mí me da la sensación de que falta algo, quizá porque no lo veo jugando y sonriendo, satisfecho por su día, sano.

En este trabajo, también es difícil encontrar logros o avances que te motiven, porque los niños se van rápido. Cuando regresas para ver a un niño con quien congeniaste, quien te dio confianza, quién quizá te contó algo, a quién hiciste sonreír, a quién llevaste algo o preparaste algo para hacer; de pronto, la próxima vez que vas ya no está. Felizmente, en la mayoría de los casos, les espera una pronta recuperación y el volver a su cotidiano. Lamentablemente también existe la minoría.

Recuerdo en una ocasión, los niños nos contaban sobre el fallecimiento de un niño de una de las salas de libre acceso, querían contarlo, hasta tenían varias versiones; ellos estaban interesados en saber porqué morían, y más aún, donde se lo llevaban, seguramente, más adentro en sus inquietudes y preocupaciones, algún temor aguardaba.

Me resultaba curioso que mientras los niños lo hablaban más y más, las voluntarias cambiaban el tema, no querían involucrarse más. Para ellas, seguramente era mejor no saber más.

Creo que resulta fácil sacar conclusiones, sobre el futuro de algunos niños que estuvieron en el hospital, hay casos en los que no se puede hacer mucho más. Ellos no se quedan en el hospital, también son dados de alta. Alguna vez por curiosidad pregunte indirectamente a los voluntarios si habían pensado lo mismo que yo; contrario a lo que suponía, ellos imaginaban a estos niños, en el colegio, jugando, con sus amigos. Es normal que esto pase, hay cosas que simplemente no queremos saber.